Las Olsen molan. Admitámoslo. Ashley y Mary Kate son iconos fashion a reivindicar y la justificación perfecta para nuestras peores pintas a la hora de bajar la basura con un eclecticismo de prendas digno de un desfile de Maison Martin Margiela y en la que una pieza obligatoriamente debe ser especialmente roñosa.
Cada año, al igual que ocurre con las setas en otoño, como mínimo un famoso de turno decide que su talento para la ropa merece ser compartido con el resto del mundo y no es suficiente con renunciar a la estilista y decide crear su propia colección de ropa. No hay que ser adivino para saber que la mayoría de estas aventuras acaban fatal. Pero hay excepciones. Y las Olsen son uno de estos casos extraños. Su marca, The Row, nace en 2007 tras crear las gemelas varias colecciones para Walmart, la mayor cadena de supermercados estadounidense, dirigidas a un público adolescente y que si mal no recuerdo en España se vendió en Alcampo.
Pero The Row es una marca ya adulta, que nació buscando la camiseta perfecta y encontró su hueco de mercado con un estilo claramente neoyorkino que a la vez no tiene problema en beber de diferentes fuentes de inspiración como los años 40, la equitación o el propio armario de las diseñadoras, al tiempo que se crean un hueco en el difícil nicho de los complementos de lujo en el que destacan con sus bolsos en piel de cocodrilo.
Pero ahora hay otra Olsen. Y para sorpresa de todos tiene talento como actriz. Mucho además. Y tiene la belleza que podrían tener sus hermanas si estuviesen bien alimentadas. Probablemente haya nacido otra "it girl" para las revistas. Ese aspecto no me interesa. Por lo que parece a Elizabeth tampoco demasiado, quizás porque ya sepa gracias a sus hermanas qué carga trae consigo ese título. Pronto la veremos en las portadas, de eso estoy segura, pero a diferencia de otras actrices de su generación ella también copará las de las revistas de cine y no solo las de moda.
Martha Marcy May Marlene es una película dura, de las que causan verdadero terror porque viéndolas eres consciente de que los monstruos están más cerca de lo que pensamos y no en el espacio exterior. Es de esa clase de cine incómodo, directo y desasosegante que dice más de nostros mismos de lo que pensamos y que hace que merezca la pena pagar una entrada y desconectar el móvil un par de horas, algo que por desgracia cada vez se puede decir de muy pocas.








